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© Declan Quigley

 

 

La Técnica Alexander

en el


Centro de Barcelona

 

 

 

¿Qué sucede en una lección de la Técnica Alexander?

 

A menudo la gente sabe que ciertos hábitos son perjudiciales pero aún así no son capaces de evitarlos. Con mayor frecuencia, simplemente no se dan cuenta de que lo que hacen repetidamente es algo habitual aunque no es natural. De hecho, ni siquiera se dan cuenta de que lo hacen. Por ejemplo, la mayoría de nosotros no tenemos consciencia de cómo respiramos. Simplemente no constatamos si tenemos tendencia a respirar superficialmente en lugar de hacerlo profundamente. Del mismo modo, no nos damos cuenta de que tendemos a encorvar nuestros hombros en algunas ocasiones, tales como cuando estamos acompañados.

Los seres humanos tienen una interesante tendencia a "proteger" sus hábitos usando una amplia variedad de mecanismos. Generalmente hablando estos mecanismos parecen completamente normales -- nos parecen correctos--   a todos nosotros. Pero, generalmente parecen extraños, y a veces realmente estrafalarios, cuando se trata de los hábitos de otra persona. Es obvio que algunos de estos hábitos -- beber demasiado café o fumar -- pueden abandonarse aunque ello requiere normalmente una gran fuerza de voluntad.  Lo que parece menos evidente es lo que podemos hacer con otro tipo de hábitos perjudiciales como el modo en que nos sentamos o nos ponemos en pie, o la cantidad de energía nerviosa que empleamos al hablar.

 La técnica Alexander funciona mediante la confrontación de hábitos. Durante una de sus lecciones, el profesor usa sus manos para demostrar al alumno donde está yendo en contra de su mecanismo natural al introducir tensiones musculares innecesarias. El alumno debe estar de pie, sentado o tumbado en una mesa. (El alumno permanecerá totalmente vestido, excepto cuando se tumbe sobre la mesa, momento en que deberá descalzarse.)

Lo que sucede durante una clase de la técnica de Alexander parece un poco extraño si se compara con la mayoría de las demás interacciones humanas. El profesor da instrucciones al alumno, una y otra vez, para que éste libere su cuello mientras el maestro le mueve con sus manos. Si el alumno echa la cabeza hacia atrás como suele hacerlo cuando realiza la actividad en cuestión, el profesor le impide hacerlo.

Queda implícito que este movimiento de la cabeza hacia atrás es el primer hábito inconsciente. Alexander se refirió a la relación entre la cabeza, el cuello y la espalda como el control primario . Así pues, esta es la primera área donde debemos practicar el control consciente para ver si podemos superarlo.

Todos los seres humanos desarrollan algunos hábitos. Algunos son relativamente instintivos o naturales, otros son culturales y derivan de convenciones sociales. Es un hábito instintivo comer cuando se está hambriento. Pero lo que comemos, con quien comemos y el tipo de ocasiones en que lo hacemos son todos hábitos culturales y difieren considerablemente de una sociedad a otra, así como de una comunidad a otra.

La mayoría tendemos a pensar en nuestros hábitos corporales como costumbres naturales e instintivas (o no adquiridas) -- cómo respiramos; cómo nos sentamos, nos levantamos o caminamos; como tensamos nuestros músculos cuando realizamos alguna actividad.  Estamos generalmente convencidos de que somos así. Pero la mayoría de nosotros en algún momento podemos percibir que ciertos hábitos que tienen los demás son innecesarios. A menudo, también podemos ver que algunos de estos hábitos adoptados por otras personas no les son nada favorables. Por ejemplo, puede que constatemos que alguien siempre se desploma al sentarse, o que se inclina al levantarse, o que parece estar permanentemente en tensión.

Normalmente, incluso si no tenemos experiencia profesional en esta área, podemos asociar fácilmente estos patrones físicos a tendencias psicológicas. Puede que no asociemos inmediatamente el dolor de espalda o RSI con el nerviosismo. Sin embargo, no resulta difícil ver que si alguien esta tenso o se colapsa está conectado a su hábito de encolerizarse, agitarse o deprimirse como reacción a situaciones que otra gente se toma con calma. Puede que también seamos capaces de conectar patrones físicos con aquello que normalmente consideramos como "malos" hábitos -- fumar, comer grandes cantidades de azúcar, beber té, café, coca cola y alcohol; consumir drogas, legales e ilegales.  Por supuesto, necesitamos comer y beber. Lo que nos permite distinguir entre una necesidad fisiológica y un hábito perjudicial es la observación de la dependencia de, o del ansía por, algo que simplemente no necesitamos.

 

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